Las texturas están presentes en todos los elementos que nos rodean: desde la naturaleza a objetos cotidianos, pasando por esculturas, cerámicas, alimentos o tejidos. Tocar y sentir esas texturas es sencillo, ya que el tacto lo percibimos mediante el órgano más grande que tiene nuestro cuerpo: la piel. Pero ¿se puede sentir al tacto algo que vemos con los ojos? La respuesta es que sí, porque nuestro cerebro es altamente estimulable y adaptable y una fotografía puede ser suficiente para ello, pero si queremos obtener buenos resultados y mostrar su volumen, sus formas e incluso la calidad de esas texturas, debemos llevarlo todo un paso más allá.

En la película Amelie tenemos una bonita escena que demuestra lo que aquí comentamos: la protagonista cultiva el gusto por los pequeños placeres como hundir la mano en un saco de legumbres, partir el caramelo quemado de la Crema Catalana con la cucharilla o hacer rebotar las piedras en el canal Saint Martin.

Esos planos y esas imágenes nos transmiten sensaciones mediante la vista, que es precisamente lo que buscamos en nuestras fotografías de texturas: transmitir las propiedades que presenta una superficie al tacto, cambiando la sensación subjetiva de un sentido por la de otro al que no le corresponde. Así, de esta forma, lo que veremos parecerá que lo estamos tocando.

La clave principal para que esto suceda está en la iluminación, que bien planteada y controlada nos muestra superficies y volúmenes de forma que podremos realizar una composición mucho más atractiva. A grandes rasgos, si al iluminar, la luz viene desde el mismo eje que la posición de la cámara (con el flash integrado de la cámara, por ejemplo) tenderemos a obtener fotografías mucho más planas, mientras que, si la luz viene un lateral o más perpendicular, la textura y el volumen serán más evidentes y aprovechables. Otro aspecto fundamental es la difusión de la luz. Si es una luz dura, directa y sin ningún tipo de difusor, la textura se potenciará porque no habrá casi nada difuminado, generando unas sombras mucho más definidas. Por otro lado, si la luz es más difusa y más suave, nos será un poco más difícil conseguir buenas texturas, porque se genera una transición más suave, aunque los resultados tienden a ser más planos.

Aunque lo ideal sería contar con flashes de estudio, todo lo comentado hasta ahora lo podemos hacer con luz natural o con una luz artificial más “doméstica”: con una ventana y una cortina o una luz tipo led, podremos iluminar prácticamente cualquier escena con las propiedades que hemos visto. Lo importante será entender cómo se comportan las sombras, porque su presencia (o ausencia) hará que se aprecie más o menos tridimensionalidad en nuestras fotos.

Con toda esta información ya estamos casi preparados para fotografiar nuestra textura, pero antes debemos pensar qué queremos mostrar. No es lo mismo fotografiar un tejido sobre un/a modelo que hacer una muestra textil.

Al fotografiar una textura de cerca (realmente de cerca), tendremos el inconveniente de que, por lo general, los objetivos no pueden hacerlo por debajo de los 15 centímetros si no son objetivos macro. Si es un objetivo macro, podemos acercarnos mucho más (incluso demasiado) y mostrar en detalle la estructura de las texturas, pero estas también irán acompañadas de ligeros desenfoques provocados por esa misma óptica, algo a tener muy en cuenta. Si no es necesario fotografiar por debajo de esos 15 centímetros, una lente “normal” también nos vale. Por otro lado, si lo que fotografiamos es una persona y su ropa, necesitaremos otro tipo de lentes (normalmente por encima de los 35mm) y alejarnos del sujeto. Aplicando todo lo visto hasta ahora obtendremos fotografías con una iluminación suficientemente buena como para que ropa y modelo estén en armonía. Debemos tener en cuenta que cuanto más lejos estemos del tejido menos detalle obtendremos, pero el conjunto de color y volumen se mantendrán sin problemas.

En definitiva, lo que estamos haciendo es una sinestesia, un cambio en la percepción de los sentidos. Y no olvides que tenemos una ventaja: todo tiene una textura. Si sabes verla, es cuestión de tiempo que sepas sentirla y mostrarla.

Tonio Rigo Garau

Coordinador de estudios