“La suspensión de la verdad real no elimina su eficacia simbólica”
Slovaj Zizek, 2021

Escape

Posverdad – Colapso emocional – Inestabilidad – Egocentrismo social – Realidad Sostenida – Espejismo- Positivismo onírico

Nos encontramos en una etapa de transición, caracterizada por la consolidación de una estructura social y cultural basada en lo que el filósofo Byung-Chul Han la denomina “régimen de la información”. Se trata de una forma de dominio institucional en el que la información y su procesamiento mediante algoritmos e inteligencia artificial determina de modo decisivo los procesos sociales, económicos y políticos. Así podemos situar en el control de esta información la capacidad de crear nuevos artefactos simbólicos en los que se construye la base social que define nuestra convivencia.

En este contexto, se plantean realidades opcionales, basadas en el manejo de la posverdad. A partir de aquí, podemos ver como la alteración de la información, convertida en contenidos emotivos, se utiliza para distorsionar la construcción de una realidad alternativa más asumible por el conjunto de los individuos. El efecto evasivo y anestésico de este entorno es el que permite la aparición del metadiscursos basados en el egocentrismo social y la inestabilidad del sistema. Nuestra supervivencia depende entonces de la capacidad de controlar el colapso emocional al que nos enfrentamos y definir nuestra realidad en función de aquello que es efímero, pero que sin embargo no tiene límites.
Estamos ante la necesidad intriseca de buscar un cierto positivismo onírico que nos ayude a tener momentos de microfelicidad que no son más que el espejismo de lo que denominamos estabilidad social. En este contexto, el Escape de los individuos consiste en la búsqueda de un mundo alternativo que se presenta como un espacio armónico que promete generar discursos en los que no existe frontera entre la realidad tangible y la metarealidad.

De estos conceptos surgen siete propuestas cromáticas que representan la realidad de cambio sociocultural en la que nos encontramos.
Así, la posverdad se plantea a través de la presencia de tonos verdes que nos invitan a pensar en la cercanía de la información, pero que con la mezcla con el amarillo se contamina y deriva en un tono sucio que se transforma en un sinónimo de lo oscuro. El granate final es el color que nos conduce a hablar de esa situación de incertidumbre que provoca la información manipulada.
Precisamente este tono granate nos conecta con la siguiente propuesta que se inicia con este mismo color, pero en el que la presencia del amarillo ha desaparecido. Tiende al rojo, lo que nos habla de pasión en sentido negativo, puesto que esta gama muestra la inestabilidad estructura de nuestra sociedad. Por eso, el granate se acompaña de un tono beige, no puro, que habla de sensaciones. El azul cielo combinado con el azul noche se encargan de plantear un punto de inflexión que nos dirige a la siguiente carta.
En esta ocasión, el azul noche, más profundo y sobre una textura suave y brillante, nos conduce a una propuesta de tonos muy sólidos y contundentes que representan a la inestabilidad. De esta forma, el verde lima contrasta radicalmente con el azul noche y nos produce la sensación de exaltación que se confirma con la presencia de un naranja y rojo. La eficacia simbólica de esta carta reside en la combinación de colores imposibles que rompen con toda la dinámica de la estacionalidad y se sirven en materiales densos.
Las emociones derivadas de la propuesta anterior, que finaliza en rojo, nos sitúan en la nueva carta que también comienza con un tono carmesí que, aunque está representado en un material denso también, supone una bajada de intensidad interesante con relación a su antecesor. De esta manera, comienza el descenso cromático que nos dirige prácticamente a la ausencia de color y en la que los materiales son los protagonistas. El final de la propuesta es un delirio visual en el que el volumen se suma a la textura y al color para crear una propuesta singular realizada solo para esta carta. Es en esta última muestra es donde reside la singularidad del concepto de egocentrismo social que cierra la primera parte de nuestro concepto.

Con realidad sostenida se abre una línea diferente que nos habla sobre cómo ante la situación descrita anteriormente, los individuos buscamos una falsa estabilidad por encima de la adversidad. De esta forma, nos refugiamos en una suerte de paradoja en la que la búsqueda de pequeños momentos de felicidad y de desconexión son nuestro objetivo. Así, iniciamos la propuesta con un color naranja suave que nos habla de renovación y rejuvenecimiento. A ella le siguen dos tonos interesantes plasmados a partir de un lila que nos acerca a la ruptura de los convencionalismos y un verde botella que confirma esa necesidad de evasión. El rosa final es fruto de la búsqueda intrínseca de momentos placenteros representados en el brillo.
Sin embargo, estos momentos de microfelicidad son fugaces porque lo que hay detrás de ellos no es más que un espejismo de lo que debería ser la realidad. Este concepto se representa a partir de colores contaminados y aparentemente descuidados que nos sumergen en el reflejo de lo que existe en realidad en nuestro entorno.
Todo ello nos invita a cuestionarnos si nuestra evasión no es más que la necesidad de una representación onírica en la que soñamos con la esencia de lo que nos gustaría ser, de lo que nos inquieta. En este caso, la propuesta se representa a través de colores que nos conducen a nuestra infancia con el predominio de los rosa, la fantasía del amarillo y el azul suave que nos remite al confort de una realidad que se escapa.

Dra. Encarna Ruiz Molina
Directora de Create_Lab
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