En estos últimos tiempos, cuando se relaciona el mundo de la moda con la sostenibilidad, no hay comunicación que deje de mencionar la célebre frase que afirma que la industria del textil y de la moda es la segunda más contaminante del planeta, detrás de la relacionada con el petróleo. El objetivo de este texto no es analizar ni discutir dicha afirmación, pero lo que sí es seguro es que la multitud de publicaciones, conferencias, debates alrededor de este tema han ayudado a concienciar a muchos consumidores, o por lo menos a preguntarse hasta qué punto esta afirmación es cierta. Y en cada vez más ocasiones, esa parte de los consumidores más preocupados o concienciados con el impacto ambiental de la ropa que visten, se preguntan cómo pueden saber cuáles son las prendas más sostenibles.

La pregunta cómo nos podemos imaginar no tiene una respuesta fácil, por muchos motivos. Seguramente el primero de ellos es que el concepto de sostenibilidad es muy amplio en un primer nivel empieza por no relacionarse sólo con los impactos ambientales, sino también por los sociales y como no, por los de viabilidad económica. En este texto vamos a centrarnos exclusivamente en la sostenibilidad ambiental de las materias primas que utilizamos en la producción de los tejidos que luego utilizamos para confeccionar nuestras prendas.

Ante la pregunta de ese grupo de consumidores concienciados, o por lo menos preocupados por la sostenibilidad de la moda de “¿entonces, cual es la fibra textil más sostenible?” lamentablemente la respuesta tampoco puede ser taxativa, seguramente la primera respuesta de cualquier persona que tenga una visión global de sostenibilidad en el textil sea, “depende!”. Depende sobre todo de la “globalidad” con la que se quiera analizar el impacto ambiental de cada una de las fibras. Hay multitud de factores a tener en cuenta y en los diferentes análisis existentes, seguramente ninguno los tiene todos en cuenta, y esto es así porqué es realmente muy complicado hacerlo, partiendo de la falta de unanimidad, incluso científica, de cómo calcular y repercutir dichos impactos. Utilizando un lenguaje entendible para todos, vamos a analizar, algunos de ellos:

  • ¿Las fibras proceden de fuentes renovables o no? Tenemos fibras naturales, artificiales y sintéticas. Podemos considerar que las dos primeras son renovables, entre ellas contamos con el algodón, el lino y otras vegetales, las viscosas, modales y Lyocell, la lana y otros pelos de animales, la seda. Las fibras sintéticas (poliéster, poliamida, acrílicas, elastómeros, aramidas etc.) están compuestas mayoritariamente por polímeros procedentes del petróleo y por tanto no son de fuentes renovables.
  • ¿Qué impactos negativos tiene su obtención para el medio ambiente? En el cultivo de las fibras vegetales utilizamos agua de regadío en exceso, contaminamos los suelos con fertilizantes químicos o controlamos las plagas con productos fitosanitarios. El algodón es la fibra de origen natural más utilizada con un 25% del mercado y es la que mayores niveles de consumo de agua y productos químicos consumo. Las fibras de origen animal como la lana y otros pelos son producidas por rumiantes que emiten notables cantidades de metano en sus tractos digestivos y óxidos nitrosos en sus deposiciones que son gases de alto potencial de efecto invernadero. Para la fabricación de las viscosas necesitamos madera, ¿la conseguimos talando bosques vírgenes o mediante silvicultura controlada y certificada?, además los procesos de fabricación consumen agua y químicos que pueden contaminar las aguas residuales y el aire. Aparentemente las fibras sintéticas no tienen estos problemas, pero ¿es que la extracción y refinado del petróleo no contaminan? Y en el proceso de síntesis de las fibras y su extrusión para producir los hilos, usamos altas cantidades de energía y productos químicos. El 50% de las fibras textiles utilizadas en el mundo es poliéster, podemos imaginarnos que no va a ser fácil de sustituir.

Por tanto, consumo de agua, productos químicos, contaminación de las aguas residuales y del aire con sustancias tóxicas, eutrofización de los efluentes, emisiones de gases de efecto invernadero asociadas, ocupación del suelo, son algunos de los elementos más importantes a tener en cuenta para poder comparar la sostenibilidad de las fibras.

  • ¿Cuáles son los impactos de los procesos productivos de la industria de cabecera? Hilatura y tejeduría consumen básicamente energía eléctrica y por tanto dependiendo de su origen, libre de emisiones o no, contribuirán al cambio climático en más o menos medida. En cambio, en los procesos de tintes y acabados intervienen muchos más factores: Consumo intensivo de agua, colorantes y químicos auxiliares de origen sintético, energía calorífica obtenida en calderas de vapor que funcionan a base de gasoil, gas natural o biomasa en el mejor de los casos. La obtención de vapor y el uso de combustibles fósiles para los tratamientos con calor de los tejidos pueden suponer casi el 70% de la huella de carbono de una fábrica de tintes y acabados. En cada una de las partes del proceso existen opciones de mayor o menor impacto y estas están condicionadas no sólo por las propias fibras, sino también por la constitución de hilos y tejidos por lo cual introducimos aquí los condicionantes del diseño de los productos; mezclamos o no fibras en los hilos, mezclamos hilos de diferentes composiciones en los tejidos, seleccionamos colores y diferentes procesos de acabados… Todas estas decisiones condicionan los procesos y las posibles elecciones para reducir consumos de agua, químicos y energía.
  • Donde producimos y el impacto de la logística. ¿Proximidad o deslocalización? Dejando aparte la agricultura y ganadería, el transporte es el tercer sector en emisiones de gases de efecto invernadero con un 19%(1) en 2017. Mover las materias primas entre continentes en sus fases de producción y el envío a los centros de distribución de las prendas acabadas puede suponer unas emisiones de CO2 asociadas entre 5 y 10 veces superiores que una producción en proximidad en un radio de unos 1500Km.

Algo parecido ocurre con la logística de distribución y venta, ya sea en tienda física o en los modelos e-commerce.

  • Como usamos las prendas. O mejor dicho ¿cómo las cuidamos los consumidores y consumidoras? Somos poco conscientes de ello, pero el lavado, secado y planchado domésticos son responsables de una buena parte del impacto ambiental en toda la vida de las prendas. Un estudio propio de la conocida compañía de ropa vaquera Levi’s calcula que el uso doméstico de un pantalón supone un 23% el consumo total de agua y un 37% de las emisiones de CO2 equivalente (2).

Podríamos introducir aquí uno de los problemas potencialmente graves asociados a las fibras sintéticas que es la liberación de microfibras al medio acuático. No hay demasiados estudios sobre las consecuencias para la salud a medio y largo plazo que puede conllevar la presencia de microfibras en ríos y océanos, pero es un hecho que no hay ningún rincón del planeta donde no se hayan detectado microfibras y al mismo tiempo se conoce que están introduciéndose en la cadena trófica. Se encuentran microfibras en tejidos y vísceras de peces y otros animales marinos. Sin duda van a llegar a nuestros cuerpos si no las tenemos ya, sin una idea clara de cómo nos pueden afectar. Una buena parte de estas microfibras se liberan durante el procesado y lavado de tejidos y prendas. Otra parte de las microfibras se liberan con el desgaste de los neumáticos de automoción, como fragmentación de productos plásticos o como aditivos en productos cosméticos.

  • Y finalmente, y no menos importante, qué ocurre cuando decidimos deshacernos de las prendas. En este punto de nuevo, intervienen varios conceptos. El primero sería la propia durabilidad de las prendas, ligada por supuesto a la calidad de los materiales, pero también a conceptos de moda y tendencias, y otro importante que no podemos obviar que es el vínculo emocional se establece entre la persona y la prenda. Este hecho tiene una relación directa muy importante con el tiempo que permanece la prenda en el armario.

¿La regalamos o vendemos de segunda mano? Esto permitirá alargar la vida útil de la prenda y retrasar la llegada al reciclaje. Un efecto similar se consigue con los nuevos modelos de alquiler y renting/sustitución.

En cualquier caso, como explica el profesor de la UPC Enric Carrera (3) experto en sostenibilidad del sector textil, las prendas en un momento u otro acabarán desechadas, con dos caminos principales: el primero es que lleguen directamente al vertedero si los consumidores las depositamos en el contenedor gris. La segunda es que las depositemos en los contenedores de recogida de ropa de las entidades del tercer sector y de esta forma exista la posibilidad de ser recicladas y entre las distintas posibilidades, que las fibras puedan ser recuperadas y utilizadas de nuevo para hacer nuevos hilos, ya sea de forma mecánica o de forma química.

Los procesos de reciclaje mecánicos existen desde hace muchos años y no han cambiado sustancialmente, consisten en romper los tejidos, individualizar las fibras y volver a utilizarlas. El resultado, por mucho que nos empeñemos, son hilos y tejidos de menor calidad que los originales. Además, por el momento sólo existe un mercado razonablemente activo en la recuperación de los tejidos “mono fibra” y en concreto de algodón o de lana. Las mezclas de fibras no tienen salidas comerciales relevantes.

El reciclado químico consiste en “disolver” los polímeros que forman las fibras para así poder químicamente sintetizarlos de nuevo. Esto abre la puerta al reciclado de las mezclas de fibras de cualquier tipo y sería una solución más consistente como explica Carrera, pero técnicamente está en proceso de investigación y no parece estar en condiciones de ser implementado industrialmente de forma viable a corto plazo.

Siendo realistas, gran parte de los textiles acaba en el vertedero y en este sentido, pensando en impacto ambiental inmediato, volvemos al primero de los puntos analizados; ¿son mejores las fibras biodegradables (de origen renovable prácticamente todas ellas) o las sintéticas? Un tejido de fibras sintéticas puede tardar más de 200 años en degradarse, cuando uno de algodón o lana puede hacerlo en meses o algunos años.

Podríamos escribir muchísimo más y de forma más detallada y documentada sobre los impactos ambientales de las materias textiles y los procesos asociados. Para analizarlos de forma detallada y documentada el mundo técnico, científico y académico utiliza cada vez más una herramienta llamada ANALISIS DE CICLO DE VIDA (ACV o en ingles LCA (4)) de los productos. Como su nombre indica, un Análisis de Ciclo de Vida consiste en estudiar todos los pasos en la vida de un producto, en nuestro caso desde la obtención de las materias primas, hasta el fin de vida del mismo tal como hemos hecho anteriormente, pero de forma totalmente procedimentada y definida y, sobre todo, analizando unos parámetros muy concretos (índices de impacto) que puedan ser evaluados numéricamente. En consecuencia, que permitan dar un valor de numérico determinado. Dichos impactos son para entendernos: Las emisiones de gases de efecto invernadero, el consumo de agua, su contaminación y eutrofización (5), la toxicidad para el medio ambiente y los humanos tanto del agua como del suelo y del aire, y finalmente el consumo de recursos naturales, entre ellos, la ocupación del suelo útil. Cada uno de estos parámetros es analizado y valorado de forma numérica en cada una de las fases de la vida del producto. Esto permite tener un inventario de impactos que, en el caso de productos similares, permite compararlos o realizar planes de mejora. Si se hace el mismo análisis sobre el mismo producto en diferentes periodos, se pueden evaluar las mejoras obtenidas.

Volvamos ahora al inicio de este texto, donde decíamos que la respuesta a la pregunta de “cuál es la fibra más sostenible” sería “depende”. Si nos centramos en los Análisis de Ciclo de Vida de producto el “depende” empieza en primer lugar por la definición detallada del alcance del análisis; ¿abarcamos todo el ciclo de vida o parte del mismo? La segunda pregunta puede ser, cuales son los índices que vamos a tener en cuenta en el LCA, la tercera, qué metodología de cálculo hemos utilizado y que nivel de precisión nos ofrece. Existen dos índices de sostenibilidad de fibras bastante conocidos dentro del sector textil y moda, el índice HIGG y el benchmark de fibras de Made By. Los dos de alguna forma están basados en análisis de ciclo de vida y en general, dejan en bastante mal lugar a las fibras naturales en “beneficio” de las sintéticas. Como era de esperar las entidades que defienden el uso de las fibras naturales realizan varias preguntas al respecto que vale la pena no obviar. Por ejemplo:

  • ¿En las fibras sintéticas, se tienen en cuenta los procesos de extracción y refinado del petróleo?… o solamente la parte de industria química de síntesis de la fibra y su extrusión. En cambio, para el algodón y la lana tienen en cuenta incluso el agua de lluvia de consumen (algo totalmente natural) o las emisiones de óxido nitroso de los excrementos de las ovejas que pastan libremente en el campo.
  • ¿Tienen en cuenta la liberación y el efecto de las microfibras en los medios acuáticos?
  • ¿La ropa de lana se suele lavar pocas veces, le damos el mismo impacto de uso doméstico que el resto de las fibras?
  • ¿Qué ocurre cuando queremos reciclar los tejidos? Los tejidos de algodón y lana tienen valor y se puede reaprovechar la fibra. Los sintéticos y sus mezclas prácticamente no.
  • ¿Tiene alguna valoración el hecho de que las fibras sintéticas no sean biodegradables?

Otro problema de los Análisis de Ciclo de Vida es que dan resultados promedio de un tipo de fibra o un sector. Son genéricos. Pero las prácticas desde el cultivo o pastoreo, los procesos industriales, la obtención y uso de las energías etc. varían mucho entre zonas geográficas y económicas. Por tanto, antes de generalizar, es importante analizar la realidad de cada caso concreto. Lo suyo sería hacer el ACV de una prenda concreta de acuerdo con su trazabilidad, no de las prendas similares en general, bajo ciertos promedios.

En tercer lugar, los cálculos de los índices evaluables en los procesos industriales son relativamente conocidos y reproducibles, pero no ocurre lo mismo en el medio natural. En los procesos agrícolas y ganaderos no hay todavía suficientes análisis y conocimiento como para tener una alta seguridad en los valores resultantes de los distintos índices evaluados.

Hay un último elemento que no hemos mencionado hasta ahora, pero que no puede pasar desapercibido. Y es que el Análisis de Ciclo de Vida, no tiene en cuenta el valor “socioambiental” de la obtención de las fibras. Para ello pongamos un solo ejemplo: La lana es una fibra con un mal resultado en los índices de sostenibilidad, se le atribuyen problemas de emisiones de GEI por el metano generado por las ovejas, degradación y ocupación del suelo, eutrofización de las aguas etc. En las zonas de pasto y dehesas de Extremadura, Andalucía y Castillas, las ovejas suponen un beneficio para el ecosistema. El pastoreo de los animales en libertad ayuda a la regeneración de la vegetación, los excrementos abonan un suelo ya de por si pobre en nutrientes, existe un beneficio mutuo entre ganadería y paisaje. Son tierras que no son aptas para el cultivo y la presencia del ganado ovino ofrece un modo de vida para los ganaderos y sus familias, contribuyendo al mantenimiento económico de las zonas rurales y evitando el abandono del campo. Es altamente difícil valorar estos elementos con un índice.

Para concluir, por todo lo explicado, seguramente no podemos decir que exista la fibra más sostenible. Es cuestión de analizar de una forma completa los efectos negativos y los beneficios y lógicamente entender qué tipo de tejido o prenda tenemos en las manos y cuáles son las propiedades que le vamos a exigir. No todas las fibras sirven para todo. Lo que sí está en nuestras manos es, dentro de cada una de las fibras, escoger la versión con el impacto más bajo y para ello podemos:

  • Optar por algodones orgánicos o “responsables” como BCI o Cotton Made in África que procuran por el bienestar de los agricultores. Usar el lino o el cáñamo (aunque este último es difícil de encontrar el mercado).
  • Usar lanas, sedas, pelos o plumas de orígenes conocidos donde se respete el bienestar animal y sobre todo contribuyan a conservación y regeneración de la biodiversidad y de las comunidades rurales.
  • Utilizar fibras celulósicas como el Lyocell con un proceso productivo mucho menos contaminante y asegurar que los proveedores utilizan madera procedente de silvicultura certificada (FSC, Canopy etc.)
  • Limitar en lo posible el uso de fibras sintéticas y optar siempre por versiones recicladas certificadas. Cualquier reciclado con origen no certificado no es recomendable.

Y por supuesto estar atentos a los nuevos polímeros y nuevas fibras que van apareciendo y que, con dificultades para penetrar en el mercado por motivos de coste o volumen, ofrecen opciones muy interesantes; desde los biopolímeros, hasta fibras vegetales como el cáñamo y la ortiga, materiales naturales sintetizados a partir de hongos, uso de las algas marinas etc. etc.

ESDI

Marcel·lí Pérez Calveras

Marcel·lí Pérez Calveras
Profesor de Sostenibilidad y Tecnología Textil
Coordinador de los Ciclos Formativos de la EFPA – ESDi
ESDi – Universitat Ramon Llull

  • Fuente: Fundación Empresa y Clima: Informe de situación de las emisiones de CO2 en el mundo. Año 2018. Publicado en septiembre de 2020 por la propia fundación
  • Fuente: Levi Strauss & Co® 2015: The Life Cycle of a Jean. Understanding the environmental impact of a pair of Levi’s® 501®
  • Enric Carrera es doctor en Ingeniería Textil por la UPC e ingeniero técnico textil e imparte docencia en la ESEIAAT. Actualmente es también director del Instituto de Investigación Textil y Cooperación Industrial (INTEXTER) de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y director de la Cátedra Unesco de Sostenibilidad de la UPC.
  • LCA: Life Cicle Assessment.
  • La eutrofización del medio acuático es el proceso de contaminación de las mismas por exceso de nutrientes o materia orgánica, principalmente compuestos de nitrógeno y fósforo. Cuando las aguas están eutrofizadas en exceso prolifera el crecimiento de aguas y materia vegetal lo cual, entre otras consecuencias, consumo el oxígeno disuelto y dificulta la vida de peces y otras especies.