Este proyecto surge del análisis del concepto metafísico de la esencia del ser, principio del que parte la identidad de cada persona. Todos los individuos tenemos una consciencia propia de nuestro ser que difiere incluso de la percepción que los demás tienen de nosotros mismos. Cómo entendemos nuestra realidad de manera personal es algo muy íntimo, difícil de transmitir al colectivo del que formamos parte. Nuestra percepción del “yo” colisiona en muchas ocasiones, con la idea que los demás tienen de nosotros y este puede ser el fundamento de la aparición de conflictos emocionales y psicológicos de las personas en momentos determinados de su vida.

Así, mi trabajo parte de una base subjetiva sobre una experiencia personal vivida durante el confinamiento provocado por la Pandemia de Covid19, que desencadenó en una crisis identitaria. La colección está compuesta por quince conjuntos que representan las emociones derivadas de esta crisis en las que las emociones se representan a través de los colores, los materiales empleados en la elaboración de las prendas y los volúmenes trabajados. De esta forma, cada decisión cromática está intrínsecamente relacionada con los tejidos, ya que lo que se quiere transmitir es un viaje desde el exterior, donde tiene lugar la vida comunitaria, hacia el interior, espacio en el que se encuentra la esencia del ser.

El negro es el tono con el que iniciamos la propuesta porque es la muestra del desgaste del tiempo. Su opacidad nos remite a esta tensión interna que nos lleva a cuestionarnos quiénes somos y dónde estamos. A través de este color y de la manipulación que se realiza en los tejidos negros, he intentado resaltar la ruptura entre el entorno social personal y lo que el conjunto de la sociedad espera de nosotros. Es la re afirmación de la identidad individual que se revela a la imposición de la estructura social, que espera de nosotros que nos comportemos como seres arraigados a los principios establecidos por una comunidad.

Esta rebeldía personal tiene consecuencias emocionales que nos conducen a situaciones difíciles de encajar: revelarse contra lo establecido supone entrar en el terreno de la duda, en la solitud de saber que te alejas de lo establecido… Por esta razón, las personas necesitamos realizar un viaje psicológico a nuestro pasado para encontrar elementos que nos reconforten y nos hagan recobrar el vínculo con la comunidad. Reconciliarnos con nuestras raíces, con el sitio en el que se han desarrollado tus primeros años de vida, el lugar al que pertenecen tus recuerdos primarios, supone conectar con tu esencia y reafirmar tu identidad.

En este sentido, Chillida nos recuerda que “buscar desde el lugar que hay que ver” nos devuelve la capacidad de integrarnos de nuevo en la comunidad a la que pertenecemos. Volver al pasado, implicará retroceder y ver el desgaste del tiempo. Una combustión que no tiene frenada, pero si comprensión y perdón. Me atrevo a decir, ante vosotros, que en este proyecto he encontrado la razón del ser a partir del encuentro con mi naturaleza más joven, e incluso un sentido de reconciliación con mi padre.

Este reencuentro con mi historia personal, la he representado a través del blanco impoluto de lino, que aborda una transparencia en el interior. Hay una puntilla en cada esquina, que me remite al nexo fraternal, que me daba cuidados, que un día dejé de ver de forma positiva, eclipsada por el exterior.

De esta forma, el blanco que va creciendo majestuosamente con volúmenes de cortes circulares dando paso a la perforación de la materia. Por tanto, a la indagación del vacío, del origen del todo. Un vacío que coge color a medida que lo desnudas y aparece en tonos de piel que acaban en rosados y tejidos rugosos.

Por otro lado, hay tantas heridas en la piel como identidades distintas tenemos. Cada experiencia deja huella en nosotros, y tenemos el deber de contemplarla, de analizarla de sentirla para aprender de ella e incorporarla a la esencia de nuestro ser. Esta idea me permite jugar con las sedas drapeadas, notar que se congelan en el espacio… Emular a John Galliano cuando hace referencia a “Pudicizia” (la velata) la mujer velada, escondida bajo ese tejido complejo y sugerente.

Es el momento de pararnos, de despreocuparnos de las obligaciones sociales y de asumir la libertad personal de expresarnos de forma propia, sin matices. Es hora de disfrutar del pasado y de asumir el presente. Es el momento de manipular los tejidos que encontramos en lugares sugerentes, restos de stock, puntillas y encajes que pertenecieron a otras generaciones, y que podemos convertir en propuestas contemporáneas. Es la hora del positivismo, después del análisis de lo vivido, de lo perdido, de lo asumido y de lo reencontrado. Es el instante en el que debemos tomar consciencia de nuestra identidad y del valor de las pequeñas cosas que nos hacen vivir grandes experiencias. Ese instante en el que es necesario decir adiós al miedo al rechazo, a las emociones desbordadas y de entender que en nuestra soledad se esconde la presencia de todos y cada uno de los individuos que han formado o forman parte de nuestro destino. Y, en consecuencia, es la hora del reivindicar la cultura propia, el arte como esencia, y la capacidad de crear como una forma de transmitir todo aquello que habita en nuestro interior, el OUSIA.

Laura Villar

Graduada en Diseño, mención Moda

Escola Superior de Disseny ESDi

Septiembre de 2022